Hay personajes que te enamoran, a veces quizás solo un aspecto de ellos,
Un momento dentro de la historia o un pequeño pasaje de la misma.
El mío definitivamente es, el del pequeño café de la esquina,
No sé si sea porque es cuando nuestro personaje en cuestión se da cuenta
Que se ha enamorado de su bella acompañante, o por que el peligro
Se aguarda un momento en la historia
Para que ellos se sienten
A conversar en el café.
Quizás es un poco antes de que él se enamore
De su espalda con el vestido blanco a medio caer,
O antes de verla subiendo con dicho vestido
Como gacela por las escaleras del hotel,
Definitivamente antes, porque es un libro que nace después de la misma pluma.
Pero volviendo al café, es allí, entre todo el dilema por comprobar el libro,
Averiguando quien ha asesinado a quien, si la comisura de los labios sonríe,
O es solo efecto de la cicatriz,
Entre nuestro personaje que ya se reconoce viejo y perdido,
demasiado como para venir a tener una aventura con una veinteañera,
O antes de dudar de ella.
Es allí, justo allí, cuando en un café se han sentado a conversar
y yo me he quedado con ellos,
Sentada allí.
*Basado en un par de personajes y fragmentos de “El Pintor de batallas”
y “El Club Dumas” de Arturo Pérez Reverte.
